Una Carta siempre llega a su Destino
miércoles, 30 de mayo de 2012
miércoles, 16 de mayo de 2012
martes, 15 de mayo de 2012
Reseña de Exit Through the Gift Shop
Cuando uno ve una película como Exit Through the Gift Shop, resulta muy difícil ocultar el entusiasmo de haber encontrado la puerta a un mundo nuevo.
Para quienes, como yo, el término Arte Callejero (Street-Art), no les dice mucho, este documental es un excelente punto de partida.
El documental es realizado por Banksy, uno de los artistas callejeros más polémicos y representativos de esta subcultura influenciada por el Arte Pop y el graffiti.
Banksy nos cuenta la historia de Thierry Guetta, un inmigrante francés radicado en Los Angeles, quien vive obsesionado con el hábito de filmar todo lo que pasa a su alrededor. El hábito de Thierry encuentra un nuevo propósito cuando comienza a filmar a su primo, un artista callejero conocido como Space Invader. Así, Thierry comienza a conocer otros artistas callejeros, a quienes filma con el argumento de que está realizando un documental sobre el Arte Callejero.
Sin embargo, para Thierry se trata sólo de filmar por filmar, el presunto documental nunca es realizado, no pasa de ser una excusa para seguir filmando.
Eventualmente, Thierry conoce a Banksy, un renombrado artista callejero inglés. Banksy convence a Thierry para que aproveche el material que ha filmado y realice una película. Es en ese punto donde Banksy se da cuenta de que Thierry no es ningún realizador. Su película no es más que una colección de imágenes sin sentido en una secuencia estrambótica.
A sugerencia de Banksy, Thierry Guetta comienza a producir arte callejero bajo el nombre de Mr. Brainwash. La manera en que Mr. Brainwash es acogido por el público y los coleccionistas llevará a Banksy a abandonar la idea de que el arte es algo que todo mundo debería de hacer.
La veracidad de los hechos narrados en este documental es un misterio, bien puede tratarse de un falso documental a la manera de This Is Spinal Tap.
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sábado, 12 de mayo de 2012
Sobre los tratamientos obligatorios
El psicoanálisis y la psicología no guardan relación entre sí. Mientras que el psicoanálisis es un método de exploración del inconsciente, que implica el reconocimiento del deseo en cada singularidad, la psicología es un instrumento de control social a penas disimulado. Muchos psicólogos consideran un logro el que sus tratamientos puedan administrarse de forma obligatoria. Las indicaciones de tratamiento obligadas son una nueva forma de ejercicio del poder del Estado. Algunos de los contextos en que se llevan a cabo estas formas obligadas de tratamiento son: los centros penitenciarios, los juzgados familiares donde se llevan disputas por la custodia de los hijos y denuncias de violencia familiar, la escuela, y los centros de salud.
En los centros penitenciaros, por ejemplo, la opinión de un psicólogo puede ser determinante para obtener beneficios de preliberación. En una carcel, la evaluación que el psicólogo hace de un interno se utiliza para determinar su grado de peligrosidad, y ello determinará las condiciones de vida que el interno tendrá durante su estancia en prisión. Los internos pueden tener la opción de no tomar el tratamiento, pero cualquier negativa será calificada como un signo de rebeldía, o sea un indicador de peligrosidad.
Cuando dos padres se divorcian y pelean por la custodia de los hijos, es común que un juez pida la opinión de un psicólogo. Esta opinión puede definir la posibilidad de que un padre conviva con su hijo, o no. En muchos casos, se condiciona la convivencia a que uno de los padres acuda a tratamiento.
Como se ve, en muchos casos, la opción de no acudir a un tratamiento no es en realidad una opción, puesto que si no se acude las consecuencias son graves. O vas, o vas. En Nuevo León, los hombres que ejercen violencia familiar pueden evitar la cárcel si se comprometen a llevar un tratamiento psicológico.
¿Cuál es el valor de estos tratamientos, en los que la voluntad de cambio está condicionada a la pérdida de un beneficio personal? ¿Qué papel puede tener el psicólogo que no sea el de ser el agente de la imposición de un modelo de normalidad sin sustento?
Los psicólogos más ingenuos no son conscientes de su papel dentro de las estructuras de control social. Muchos de ellos ven con entusiasmo que les sean delegados estas parcelas de poder, consideran un reconocimiento a su trabajo el que los jueces les tomen opinión, y no son pocos los que trabajan para obtener más terreno. Por ahí circula una propuesta de que a los requisitos para el matrimonio se le sume una evaluación psicométrica de compatibilidad entre los cónyuges, para así evitar los altos índices de divorcio.
En los últimos tiempos, el concepto de salud ha tenido usos políticos inéditos. En Monterrey, por ejemplo, una ciudad donde la guerra contra el narco ha visto sus episodios más violentos, la respuesta de los gobiernos locales a los vecinos de las comunidades afectadas por balaceras ha sido la de enviar equipos de psicólogos y psiquiatras a dar tratamientos contra el estrés postraumático. Así, un problema de seguridad es transformado en un problema de salud. Una colega sufrió, como consecuencia de la intrusión del ejército a su domicilio, desperfectos materiales en su casa. El municipio no se ofreció a pagarle la compostura de su puerta, pero sí le ofrecieron los servicios psicológicos del municipio, si ella así lo deseaba.
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miércoles, 9 de mayo de 2012
Reseña de A Dangerous Method
Después de mucha expectativa, por fin tuve la oportunidad de ver A Dangerous Method, la película de David Cronenberg en la que se relata el episodio amoroso entre Carl G. Jung y su paciente Sabina Spielren. Lamentablemente, la película no es tan buena.
De alguna manera, los psicoanalistas nos hemos convertido en un nicho de mercado más, hacia el cual se dirigen productos y mercadotecnias específicas. De la misma forma en que un fan de los comics anhela ver en la pantalla grande al superhéroe favorito, así muchos fuimos tomados por el entusiasmo al saber que un director de la talla de Cronenberg realizaría una historia que ya todos conocíamos, con el plus de tener a Viggo Mortensen protagonizando a nuestro superhéroe, Freud.
Así como ocurre en la mayoría de las adaptaciones de comics al cine, nuestra película falla.
En mi opinión, el foco de la película se dispersa por oscilar demasiado entre dos temas: el amorío entre Jung y Sabina Spielren, y la tensa relación entre el maestro Freud y su discípulo Jung. Al final, uno no sabe si la película se trataba de una cosa o de la otra. Adicionalmente, hay un exceso de anécdotas biográficas sembradas en la película, que parecen estar ahí sólo para complacer a los fans de Freud, como en la escena en la que al llegar a los Estados Unidos, Freud le dice a Jung: "-No saben que les traemos la peste".
Si bien, el reparto es de primera línea, las actuaciones dejan un mal sabor. Uno nunca termina de creerse a un Freud interpretado por Viggo Mortensen, la misma Keira Knightley ha declarado no estar muy convencida de que su aproximación al personaje de Sabina Spielren haya sido la más adecuada. En cuanto al Jung de Michael Fassbende, resulta chistosísimo verlo gesticular en las escenas de debate entre Jung y Freud, sólo le faltó decir: "-¡pero papá!".
Las escenas eróticas entre Knightley y Fassbende están mal realizadas, y tienen un elemento gratuito en las nalgadas con las que según Cronenberg Jung complacía a Spielren.
El título es quizás los mejor que hay en la película, pues, en efecto, el psicoanálisis es un método peligroso, toda vez que el dispositivo presupone la emergencia de la pasión amorosa. El amor de transferencia, decía Freud, en nada se distingue del amor común.
En resumen: si no es psicoanalista o no está familiarizado con la vida y obra de Freud, esta película no tendrá mayor trascendencia para usted.
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sábado, 7 de abril de 2012
miércoles, 18 de mayo de 2011
No existe la salud mental
Para el psicoanálisis no existe la salud mental. Freud encontró que los elementos que conforman lo enfermo se encuentran también presentes en lo sano. Así, por ejemplo, en sus Tres Ensayos para una Teoría Sexual, afirma que las llamadas perversiones no difieren mucho de la sexualidad normal.
Toda idea de normalidad o salud es ajena al psicoanálisis, y en esto radica uno de los grandes aportes del psicoanálisis.
Una y otra vez hay que recordar que no hay un modelo de normalidad válido para todo el mundo, ya que el siguiente paso sería ajustar al psicoanalizante a dicho modelo, medir su grado de desviación y en última instancia excluirlo.
Muchos psicoanalistas olvidan el punto que se trata aquí, y con mucha facilidad hablan de enfermos y despliegan alegremente un catálogo de etiquetas psicoanalíticas: obsesivo, histérica, fóbico, psicótico, etc. No es para sorprenderse, entonces, que una de las reacciones más típicas de aquel a quien se le plantea la idea de iniciar un psicoanálisis sea la de responder en forma defensiva con un enérgico: -Yo no estoy loco.
Los membretes diagnósticos que son colocados sobre los sujetos tienen efectos diversos. Uno de estos resulta en que el paciente se identifica con su diagnóstico, así por ejemplo, encontramos personas que llegan a consulta afirmando ser paranóicos. También el uso de categorías redunda en que los sujetos quedan librados de toda responsabilidad con respecto a lo que les ocurre. “-No soy responsable de lo que me pasa, son los neurotrasmisores que hay en mi cerebro”; o también: “-Nuestros problemas de pareja no tienen nada qué ver con la situación de nuestro hijo, lo que pasa es que es hiperactivo”.
La presencia de determinados síntomas no define una enfermedad mental. Que alguien delire no implica necesariamente que sea una persona psicótica; al delirio se le encuentra en muchas experiencias normales, como el caso de las psicosis postparto.
Además, el síntoma cumple una función dentro de la estructura, pues se trata de una formación de compromiso entre una pulsión y la censura. Las curas orientadas a suprimir los síntomas omiten el hecho de que el síntoma representa un punto de goce para el sujeto. Por ello, es común que cuando se elimina el síntoma se produzca un desequilibrio en la economía libidinal. Supimos del caso de un hombre quien sufría de sobrepeso, se le practicó un bypass gástrico, perdió más de ochenta Kilos y a los seis meses se suicidó.
Resulta dificil comprender cómo algo que aqueja al sujeto representa al mismo tiempo un monto de goce. Freud describió el aparato psíquico como un aparato formado por tres instancias: yo, ello y superyó. Cada instancia persigue sus propios propósitos en forma independiente, y puede ocurrir que lo que es percibido como displacer a nivel del yo implique una satisfacción libidinal en otro lugar. En el modelo de los sueños autopunitivos encontramos al superyó obteniendo satisfacción libidinal.
Por estas razones, no basta la mera voluntad de un sujeto para poder cambiar, además es necesario que pueda renunciar al goce que su síntoma representa.
La meta del psicoanálisis no es la remoción de los síntomas. Para el psicoanálisis el síntoma está vinculado con un deseo inconsciente, mismo que debe ser desplegado durante el tratamiento, a condición de que no busquemos acallar aquello de lo que hablan los síntomas.
El planteamiento de que existe la salud mental implica además otro problema, ya que una vez aceptada la existencia de enfermos, el siguiente paso natural es querer ayudarlos. Lo malo es que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. No es facil entender este punto, ncluso es frecuente escuchar a psicoanalistas que hablan en el sentido de ayudar al sujeto. No se trata de eso.
La lógica de la salud es tal que a los sujetos hay que dárselas incluso contra su propia voluntad. Por esa vía, entramos de lleno al ejercicio de una forma sutil del poder.
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